La adolescencia (ad-dolescere, dolere) es un tiempo de fragilidad subjetiva, toda vez que el joven se está transformando, está dejando de ser un chico para atravesar duelos constantes referidos a la pérdida de su cuerpo infantil y a la declinación de sus padres ideales. Sabemos que la estructuración del joven es efecto no sólo de herencias filogenéticas, sino también de acontecimientos ontogenéticos y de las respuestas consecuentes advenidas de ese hablante ser en plena formación...